Defensa y Seguridad

Desde el Colectivo Gasteizkoak llevamos ya 10 años poniendo en manos del movimiento popular –con la esperanza de que le sea útil en sus tareas- la herramienta del análisis del gasto militar anual que se financia desde la CAPV en base a nuestros impuestos.

Con frecuencia hemos tratado de acompañar este análisis de comparaciones o hipótesis sobre cómo podría haberse aprovechado ese dineral del gasto militar si se hubiera dedicado a cubrir necesidades sociales no atendidas presupuestariamente (en acceso a la vivienda; en mejora de pensiones; en garantizar una renta básica universal por encima del umbral de la pobreza…).

Pero, tal vez no esté de más en esta ocasión detenernos un poco a repasar a qué se dedica todo ese dinero que se derrocha. Recordar su completo sinsentido. Ya que a veces la reiteración de un hecho puede conllevar a su normalización o integración en la cotidianeidad, haciéndonos perder perspectiva. Intentemos analizarlo de la forma más sencilla posible.

Podemos calcular (con una aproximación estimativa, ni mucho menos exacta) que, en los 25 años transcurridos desde que la CAPV cuenta con presupuesto propio, las instituciones de esta parte de Euskal Herria han dedicado a Gasto Militar (de forma directa o vía contribución al gasto militar estatal) alrededor de 30.000 millones de euros, esto es, 5 billones de pesetas (a pesetas constantes de 2005). Sólo para el año 2005 se destinarán más de 1.534 millones de euros (más de 250.000 millones de pesetas). La pregunta elemental es ¿a qué se ha dedicado todo este dineral?

Y la respuesta es tan simple como abrumadora: aproximadamente un 30% (muy grosso modo) a la financiación de armamentos, de los que la mayoría (afortunadamente) lo mejor que podemos decir es que se han ido convirtiendo en chatarra, porque los que no han tenido ese destino han sido utilizados en masacrar a las poblaciones de la antigua Yugoslavia, Afganistán o Iraq (aquellas guerras en las que el ejército español ha intervenido) o en reprimir las protestas populares (caso del material antidisturbios).

Resumiendo, que como mal menor, hemos de alegrarnos de que la mayor parte de ese billón y medio de pesetas de gasto militar dedicado a armamento y financiado por los impuestos de la CAPV, haya tenido como destino (tras su obscena exhibición intimidatoria en desfiles y demás autopropaganda militar) una vez alcanzada su normalmente temprana fecha de caducidad, la conversión en pura y dura chatarra.

En la actualidad desde la CAPV se está contribuyendo con más de 1.142 millones de euros (más de 190.000 millones de pesetas) a la financiación de los principales programas de armamento que tiene en marcha el Estado español y que, además, cuentan todos ellos con la cómplice participación de empresas vascas: Avión de Combate Europeo (al menos una decena de empresas, encabezadas por ITP, Sener y Gamesa); Avión de Transporte Militar Europeo (ITP, Gamesa y SK-10 entre otras); Helicóptero de Ataque Tigre (ITP, Gamesa, SAPA y Fibertecnic); Carro de Combate Leopard (SAPA y Gamesa); Blindado Pizarro (SAPA y Gamesa) y Fragata F-100 (Sidenor).

Así mismo, en el trienio 2002-2004 desde la CAPV se ha contribuido con 35,21 millones de euros (casi 6.000 millones de pesetas) a la financiación de la participación española en las guerras contra Afganistán e Iraq, donde, no hay que olvidarlo, las más afectadas, con diferencia, han sido las poblaciones civiles, con decenas de miles de personas asesinadas por los efectos colaterales del armamento antes mencionado.

Otro 50% de los 5 billones de pesetas (recordamos, grosso modo) que en Gasto Militar han dedicado las instituciones vascas en los últimos 25 años, se ha dedicado a pagar los sueldos y pensiones militares. Dicho de otra forma, en los últimos 25 años a cada una de las aproximadamente 2 millones de personas que vivimos en la CAPV nos han quitado 1.250.000 pesetas para pagar los sueldos de un ejército que dice defendernos de un enemigo inexistente. ¿De verdad alguien en este tiempo ha sentido la amenaza de una posible invasión o agresión de la que fuera necesario defenderse, a no ser que esa amenaza fuera, precisamente, la que de forma más o menos velada han ejercido en alguna ocasión sobre Euskal Herria aquellos que precisamente se autoproclaman ejército de defensores?

El 20% que resta (otro billón de pesetas, según la aproximación estimativa que estamos realizando, que nadie tome los datos al pie de la letra) se ha sustraído de nuestros bolsillos –vía impuestos- para diversos objetivos: adquisición y mejora de instalaciones militares; pago de cuota a instituciones militares como la OTAN o la UEO –la estructura europea de carácter militar-; la financiación de cuerpos policiales o del propio Centro Nacional de Inteligencia (antiguo CESID), entre otros. Todo ello, también, con la excusa de ser gastos imprescindibles para nuestra defensa y el mantenimiento de nuestra seguridad.

Y es que ahí reside el quid de la cuestión. Nos han acostumbrado a entender la Defensa desde una clave militarizada del concepto y hemos terminado por identificar Defensa con Defensa Militar y, por supuesto, ésta con los ejércitos y el militarismo. Sucede igual con otras cuestiones ligadas a ese concepto, como por ejemplo “Seguridad”, “Conflicto” o “Enfrentamiento”, que en nuestro imaginario colectivo se nos aparecen siempre ligadas a representaciones de invasiones militares, golpes de Estado, cuerpos policiales y militares, represión, guerras, armamentos…

Sin embargo los conceptos de Defensa y Seguridad que realmente interesa desarrollar a las poblaciones y pueblos no tienen que ver nada con todo lo anterior. Hablamos de un concepto de Defensa basado en ejercer y reivindicar el derecho y la necesidad de todo pueblo, en este caso Euskal Herria, de defender sus libertades y conquistas sociales, su pluralidad y sus peculiaridades, estableciendo relaciones con el resto de pueblos, no desde la amenaza o la agresión, sino desde el diálogo y la colaboración, desde el enriquecimiento mutuo y la interculturalidad, desde el respeto al diferente y sus señas de identidad, desde la práctica de la solidaridad con los pueblos más empobrecidos y explotados, y no de la alianza con los explotadores y empobrecedores del planeta…

Hablamos de garantizar la Seguridad, entendida ésta desde una concepto social del término, no militar ni policial. Es decir, una Seguridad ante la amenaza del hambre, de la exclusión social, de las imposiciones culturales; de la imposibilidad de una vida digna; de la destrucción del medio ambiente; de la carencia de vivienda; de la discriminación por razón de sexo, raza, idioma, creencia, edad, opción sexual, condición social…

En los 25 últimos años, si se hubiese apostado por estos conceptos de Defensa y Seguridad, practicando también fiscalmente la insumisión al militarismo, habríamos contado con 5 billones de pesetas para hacer de la CAPV una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. En este año 2005 de nuevo se van a derrochar en Gasto Militar 1.534 millones de euros (casi 700 millones de pesetas al día). Quienes de verdad apostemos por una sociedad en la que la Paz sea algo más que la ausencia de guerras, en la oposición al Gasto Militar tenemos un enorme reto que no podemos aplazar por más tiempo. Pongámonos a ello.

 

Estitxu Martínez de Guevara, en nombre del Colectivo Gasteizkoak

Publicado en Gara el 05-05-2005

 

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