La conversion de la industria militar

Desde nuestro origen como colectivo hace ahora ya varios años, razones éticas, y, sobre todo, nuestra conciencia antimilitarista, nos ha llevado a impulsar la Conversion de la industria militar. A esas razones “primarias”, posterirormente se le unen también razones de política internacional (como el final de la “Guerra Fría” y la desaparición de el “bloque del Este”), la crisis económica mundial que afecta también a la industria de armas en Euskadi, y las claves económicas que se esconden siempre tras los conflictos bélicos y el mercado internacional de armamento.

Estam@s segur@s de que es posible la conversión de la industria de armas en industria civil socialmente útil, pero también somos conscientes de que es un proceso costoso y socialmente doloroso y en el que habrá que trabajar codo con codo antimilitaristas, economistas, ingenieras/os, sociólogas/os… así como los distintos sectores afectados (obreros/as parados/as, jóvenes…) autoridades locales y estatales, empresas, sindicatos, etc., etc., etc.

La perspectiva económica, y no simplemente ética, del desarme, está siendo discutida intensamente en la actualidad, por dos razones fundamentales:

  • La primera, la desaparición de las amenazas que dieron origen y justificación ideológica a la carrera de armamentos
  • La segunda, que el sector militar en la actualidad constituye un drenaje de recursos que afecta gravemente a la industria civil, y es causa también del alarmante avance de el paro

Finalmente, queremos poner especial énfasis en el hecho de que la conversión de la industria de armamentos, no puede ser contemplado de forma aislada, pues es complementaria de un proceso de transformación social que iniciándose en este terreno mediante el cambio de las actuales estrategia militares, nos posibilite, a medio plazo, la adopción de una defensa de carácter no militar, tanto en la forma como en el fondo.

Es por ello por lo que, dentro de ese proceso de transformación social más amplio en que enmarcamos la conversión de la industria militar, habrá que tener en cuenta sus relaciones con aspectos como la economía, los derechos humanos, las relaciones Norte-Sur, la ecología… siendo para todo ello, absolutamente imprescindible, abogar por el inmediato abandono de políticas que potencien el rearme, el “Orden militar internacional”, la producción venta y adquisición de armamento…, generando, al contrario, un clima de confianza mutua (compartido internacionalmente) entre los pueblos potencialmente rivales, básico para la construcción de los pilares fundamentales de esa transformación social que pretendemos.

GASTOS MILITARES Y GASTOS SOCIALES

El compromiso de llegar a conseguir un tipo de sociedad que funcione con otros valores diferentes (como solidaridad, justicia, redistribución de la riqueza…) nos conduce a intentar que la fabricación de armas sea algo que necesariamente pase cuanto antes a la historia, ya que la realidad nos indica que la fabricación de armamento no conduce a la paz, y que si se fabrican armas, tarde o temprano terminarán utilizándoese.

Uno de los argumentos más rotundo para llegar a la conclusión de la necesidad de dejar de producir para la guerra, es el de la relación directa y más que evidente entre el gasto militar y los gastos sociales.

Así, por ejemplo, mientras entre los años 50 y 70 parecía que las inversiones en el sector militar de producción, verdaderamente funcionaban de motor para las economías (al menos en los “países desarrollados”), y de fuente de generación de empleo, a la larga se ha comprobado cómo las grandes potencias impulsoras de la Carrera de Armamentos (y de la consiguiente “guerra fría” como marco ideal para el desarrollo de aquélla), hoy en días son países con enormes bolsas de subdesarrollo en su interior, como resultado de una política económica que primaba en el gasto militar por encima de necesidades sociales tan básicas como la salud, la educación, la vivienda, la alimentación, la formación, la investigación civil…

Y este fenómeno, cuyas consecuencias en el sistema productivo también son evidentes (desestructuración empresarial, pérdida de capacidad competitiva, debilidad económica y financiera, y -sobre todo- desempleo) ha tenido lugar tanto en los países de economía capitalista, como en los llamados comunistas.

Por contra, las dos únicas potencias intermedias que tras la 2ª Guerra Mundial no centraron sus economías en el “motor militar” (en gran parte porque se les impusieron restricciones muy severas en la producción y comercio de armamentos) Alemania y Japón, son hoy en día, las dos potencias tecnológicas y económicas mundiales (sin que ello signifique el estar de acuerdo con su modelo de desarrollo).

Parece claro, pues, el efecto de destrucción de empleo, y empobrecimiento industrial y social que generan los fuertes gastos e inversiones en la industria militar. Todo ello sin entrar en otras consideraciones más profundas como la de que, en el Mundo actual, con tan graves problemas como la pobreza, las migraciones, la destrucción del medio ambiente, el narcotráfico… ¿ realmente alguien puede creer que sirvan para algo los ejércitos y sus sofisticadas armas?

LA CARRERA DE ARMAMENTOS

La Carrera de Armamentos, es un proceso que acompaña necesariamente a las economías militarizadas, constituyéndose, en buena parte, en su eje central.

Según un estudio realizado sobre 99 casos de conflictos diplomáticos serios entre 1816 y 1965, la mayor parte de las guerras fue precedida por una “carrera de armamentos”. Y es que es “bastante lógico” que terminen “guerreando” aquéllos quienes antes se han dedicado a abastecer sus arsenales.

El sector militar -afortunadamente- emplea (en cuantifica­ción temporal) muy poco en guerras. La mayor parte del tiempo está inactivo en los cuarteles, o intentando insertarse en la sociedad civil; eso sí, siempre en continua búsqueda de hipótesis de conflictos que justifiquen su propia existencia y la enorme y permanente dilapidación de recursos que ello mismo supone, utilizando para tal fin, como principal argumento, la necesidad de incrementar y renovar sus armamentos.

Esto es especialmente patético en los llamados “países subdesarrollados”, donde las carencias sociales son mucho mayores y la dedicación de cantidades incontables, a un sector socialmen­te tan improductivo como es el militar, tiene consecuencias mucho más graves para las poblaciones.

En los últimos 30 años los gastos militares mundiales han supuesto 2 billones de dólares más que los gastos en educación y 6 billones de dólares más que los gastos en formación. De ahí por ejemplo que el llamado Tercer Mundo que tiene 3/4 de la población mundial, sólo concentre el 10% del gasto mundial en educación.

Según un informe de Naciones Unidas sobre el desarrollo, de 5.300 millones de habitantes en el mundo, 1.000 millones viven por debajo de la línea de pobreza; 700 millones en el paro y 2.400 millones sin una sanidad adecuada.

En los 41 países más pobres, la renta anual per cápita no llega a 25.000 pesetas.

Mientras tanto, entre los principales importadores de armas pesadas en el periodo 1986-1990, nos econtramos a países como India (16.989 millones de dólares, es decir, casi dos billones de pesetas), Arabia Saudí (10.838) o Irak (10.314), correspon­diendo los dos primeros lugares de la lista de países exportado­res de armas al “Tercer Mundo”, durante igual periodo, a las “grandes potencias” ex-URSS con 43.169 millones de dólares (es decir, casi cinco billones de pesetas), y Estados Unidos con 21.761 millones de dólares.

Tras este panorama desolador, se comprenderá mejor el que estemos a favor de la conversión de la industria militar, y empeñados en potenciar la industria civil cuya producción sea de utilidad social.

LA CONVERSION, UNA APUESTA DE FUTURO

Si bien existen argumentaciones de sobra para llegar a la conclusión de la necesidad de dejar de producir para la guerra, en el terreno práctico, contamos con una realidad de la que no nos podemos abstraer, y que nos condiciona fuertemente: las sociedades actuales llevan impregnada desde siempre la “lógica” militarista. Para desmontar esta “ilógica” se necesita un proceso de cambio que probablemente no será todo lo rápido que quisiéramos, ya que a menudo tropezaremos también con la división económica de un mundo que ha depositado en la fuerza de las armas una confianza que niega a la fuerza de la razón.

Teniendo en cuenta toda esta compleja realidad económico-social-política, y sin perder de vista el referente que nos mueve, es decir, la desmilitarización, analicemos un poco este complejo proceso de transformación que es la conversión de las fábricas de armamento.

¿QUE ES LA CONVERSION?

La conversión intenta ser la forma de cambiar la producción de una industria, complejo o división industrial militar, hacia el sector civil, pero poniendo especial énfasis en que la nueva producción se destine a cubrir las necesidades sociales reales, aunque ello esté reñido con la voluntad de acumulación de riqueza propia del sistema económico imperante.

Se trata pues, de descubrir cuáles son las necesidades de una colectividad, teniendo encuenta el equilibrio con la población y con el entorno, con la finalidad de contribuir al verdadero desarrollo de ambas.

La necesidad de aterrizar en la realidad, nos lleva a hacer un análisis del esfuerzo que supone para las sociedades actuales todo este cambio:

ALGUNAS CARACTERISTICA DE LA INDUSTRIA MILITAR

La prosperidad de la industria militar en las últimas décadas, se ha debido a un crecimiento de la demanda, surgido con el pretexto de la “guerra fría”.

Normalmente, al ser los Estados los que ejercitan “con pleno derecho” la violencia “de forma legítima”, son éstos los que, con cargo a los impuestos (es decir dinero de todas/os), invierten en armamento y material militar.

La “lógica militar industrial” era fácil: potenciar la industria local para autoabastecerse y de paso fomentar la exportación a países del llamado “Tercer Mundo”, fomentando en ellos la militarización, y consiguiendo el control económico-político, mediante la deuda contraída.

La primera dificultad para la conversión estriba, por lo tanto, en que es sumamente difícil encontrar un producto que suponga los mismos beneficios, que goce de la misma financiación estatal, y que cree dependencias económicas de igual calibre.

Si a ello le añadimos que la producción militar, en bastantes casos es demasiado sofisticada como para encontrar alternativas fáciles, empezaremos a constatar que la conversión, exige en primer lugar, por parte de todas/os, voluntad de cambio, o nos encontraremos en amplia desventaja a la hora de realizar verdaderas transformaciones.

EL COSTE DE LA CONVERSION

Haremos a continuación un escueto análisis sobre lo que puede suponer, en términos económicos sencillos, todo este proceso. Aclarando que en algunos apartados también se incluye el proceso de desarme real.

Costes de conversión y/o eliminación de armas: Por defini­ción, el material militar resulta muy difícil de destruir, precisamente porque se creó para no ser destruido. Además, en términos económicos “estrechos” puede resultar más ventajoso realizar un producto nuevo, que transformar el destinado para uso militar.

Como es lógico, antes de todo el proceso se debe tener en cuenta la rentabilidad social y económica en términos mucho más amplios. No se debe olvidar los gastos derivados del mantenimiento del armamento, y sin hablar ya del gasto que se deriva de su utilización, reparación y/o sustitución y/o renovación…

Desajustes industriales: La aplicación de planes de desarme trae, a corto plazo (y si no se produce la debida planificación) problemas graves de desempleo y de capacidad industrial improductiva.

Estos problemas se pueden agudizar si hay regiones concretas con especial dependencia de los presupuestos militares.

Sin embargo, la división entre industria militar y civil, hoy en día no es tan nítida, ya que ante el progresivo despresti­gio social en el que, afortunadamente, ha ido cayendo el sector militar-industrial, muchas de las empresas camuflan su producción presentándola bajo aspectos mas generales como “AERONAUTICA”, “INGENIERIA DE SISTEMAS”, “ELECTRONICA”. Es evidente que salvo casos muy especiales (armas cortas o explosivos) no son frecuentes las fábricas que desarrollen el proceso completo de elabora­ción de productos militares, dedicándose cada una a algún aspecto concreto, indispensable de cualquier forma para la consecución del producto final.

Por otra parte, y por motivos simplemente de estrategia comercial, en la actualidad cada vez existen más empresas o grupos empresariales que diversifican su producción, y en las que, lógicamente, en un primer momento, el proceso de conversión sería más sencillo de enfocar.

También podemos afirmar que aquellas empresas cuya produc­ción es casi exclusivamente militar, no tienen por ello garantizada la pervivencia, ya que están sometidas, como el resto de empresas en el sistema actual, a las fluctuaciones del mercado, las modas, los recortes presupuestarios…. En este sentido, es fácil observar cómo en la actualidad gran parte de los complejos industriales del Estado español atraviesan una profunda crisis, debida en buena medida al desfase industrial que provoca la necesidad de innovaciones tecnológicas, y originando -como consecuencia de ese desafase-, reconversiones salvajes sin ningún control, regulaciones de jornada, despidos, pre-jubilaciones…

ALGUNAS CARACTERISTICAS DEL PROCESO DE CONVERSION

El proceso de conversión, contrariamente a lo que acabamos de ver, lo que pretende es una eficaz planificación de todo el proceso, para lo cual necesita de las aportaciones tanto de las/los técnicas/os (con soluciones sobre estructuras, planificación…) como de las/los operarias/os (que con su conocimiento directo del proceso de producción orienten lo mejor posible los cambios necesarios).

Claro que, para todo ello, el punto de partida indispensable (dada las sociedades actuales donde las empresas destinadas a la fabricación de armamento están consideradas de “máxima seguridad” y casi “secreto de Estado”) es un planteamiento abierto del proceso, que nos posibilite el conocimiento perfecto de la producción, estructura, financiación, y en su caso, el aporte necesario de dinero público para contribuir a la conversión.

Señalaremos brevemente algunas otras características que debería tener todo proceso de conversión:

  • Planificacion anticipada, con tiempo real para que se produzca la transformación
  • Programación altamente descentralizada con estudios de planificación económico-social-ecológica de cada comunidad
  • Recapacitación ocupacional para los/las trabajadores/as con larga experiencia en la industria militar
  • Utilización del “Dividendo de Paz”[1] según un estudio previo de necesidades.

EXPERIENCIAS DE CONVERSION

Sin entrar aquí[2] en los detalles (ni siquiera mínimamente), de los ejemplos de procesos concretos de conversión que se conocen, sí quisiéramos señalar alguna características de la reorientación de la producción militar experimentada en las tres potencias que más se han visto obligadas a abordar procesos de reconversión industrial militar en civil (aquí sí hablamos de reconversión y no de conversión), principalmente con el fin de señalar la importancia de estudiar las características propias, generales y concretas, de cada caso, y para lo cual siempre debería tenerse en cuenta aspectos como el tipo de producción; el desarrollo de ésta a lo largo del tiempo; las circunstancias del momento en que se aborde el proceso de conversión…

Estados Unidos: La reconversión se produjo mediante una planficación a gran escala, que empezó incluso antes de terminar la guerra.

Existía en ese momento una demanda importante de bienes de consumo, así como de viviendas (para el retorno de “los guerreros”) que favorecieron en gran manera la transformación, más o menos rápida, de la producción.

Japón: El ejército y la industria militar fueron desmantelados por los “aliados”. Los casos más llamativos son los de las empresas Mitsubishi e Hitachi:

En ambos casos se dedicaron a producir bienes cotidianos, y posteriormente productos de mayor valor añadido.

Se importó la tecnología necesaria y se facilitó la recapacitación del personal (en el extranjero) para adaptarse a las nuevas tendencias.

Se realizaron investigaciones de mercado, para localizar las demandas crecientes.

Ex-URSS: Por razones más que complejas en el terreno político-social, las industrias de armamento, ante la escasez de recursos de los propios Estados, han iniciado procesos de reconversión.

Sin embargo, transformar la economía de guerra, en economía de mercado, está produciendo un esfuerzo considerable. Entre los nuevos productos que fabrican las antiguas industrias militares, podemos encontrar: termos, planchas domésticas, cocinas, cafeteras, tresillos… artículos considerados casi de primera necesidad en las sociedades occidentales.

Hay otro hecho destacable a la hora de defender la posibilidad de la conversión (y más aún de la reconversión) de la producción militar: procesos parecidos han debido acometerse en los países participantes en las distintas guerra mundiales (en las de carácter local también) para hacer retornar la producción civil a aquéllas empresas que durante el periodo de guerra habían transformado en militar su producción.

MIENTRAS TANTO… OBJECION FISCAL

Decíamos antes, que el hecho de que las sociedades actuales estén impregnadas de una fuerte lógica antimilitarista, aumenta la necesidad de impulsar un proceso de cambio de las costumbre y mentalidades sociales, que haga posible el deshacerse de la “ilógica militarista” como paso previo al inicio de los procesos de conversión.

Probablemente una de las formas más directas y pedagógicas de cuestionar esa ilógica militarista, sea la de negarnos a colaborar con ella, usando para ello la fuerza de la desobediencia civil que supone la Objeción Fiscal a los gastos militares.

“Ni una mujer, ni un hombre, ni un duro para la guerra”, lema tradicional de las campañas de objeción fiscal, debería ser un principio básico de todo pueblo civilizado. Sin embargo, y como el informe que encontraréis a continuación se puede empezar a constatar, Euskadi es una de las zonas del Estado español donde la Industria militar más se ha desarrollado, con el apoyo y connivencia de los poderes públicos.

Es necesario que el antimilitarismo del que hacemos gala en Euskadi[3]traspase los conceptos de “servicio militar” y “ejército”, para que, cuestionando de raiz el gasto militar y lo que eufemísticamente se ha dado en llamar “Economía de la Defensa” (en realidad, Economía para la Guerra) podamos sentar las bases del proceso de desmilitarización imprescindible para lograr la transformación social que pretendemos.

Colaborar a ello es la intención de este trabajo.

 

NOTAS

    [1] Entendemos por “Dividendo de Paz” el “beneficio neto” que se obtiene de restarle a todo el presupuesto global de defensa, las cantidades destinadas a la reducción de arsenales, a la conversión de la producción militar…

    [2] Trabajamoes en la actualidad en la recopilación y estudio de experiencias concretas de conversion que esperamos poder ofreceros en un próximo trabajo

    [3] No obstante, la cifra de jóvenes insumisos (15%) y de jóvenes que no realizan el servicio militar (53%) es la más alta de Europa

 

Colectivo Gasteizkoak

Junio de 1997

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